¿Cómo preparás tu cuerpo para una cirugía?
Muchas veces sentimos al cuerpo desconectado del resto de nosotros. Como si fuera un elemento aislado, algo separado de nuestro ser. Pero no es así: el cuerpo es parte esencial de quienes somos, y cada intervención —grande o pequeña— es también un proceso de consciencia.
Una cirugía puede vivirse de forma completamente diferente si le damos al cuerpo la señal de confianza y entrega. Cuando lo hacemos, todo nuestro sistema endocrino, nuestras hormonas, los factores de coagulación y los mecanismos de reparación se regulan y se preparan coordinadamente para lo que necesitamos.
La convicción en lo que estoy haciendo, la aceptación de lo que me sucede, la confianza en el médico y en el equipo; todo forma parte del proceso de sanación.
Mi cuerpo no está aislado del miedo, de la inseguridad, o de ese deseo de querer "adelantar la película" para no sentir y no estar ahí durante la intervención. Y, sin embargo, cuanto más presente y conectado con la tierra estoy, más confianza le transmito: le aviso que seguimos aquí, que todo va a estar bien, que me entrego al proceso.
La cirugía es necesaria cuando así se considera. No se trata de evadir o negar lo que pasa, sino de aceptarlo y confiar en el médico que elegimos para transitarlo. Esa confianza relaja el sistema nervioso, fortaleciendo la recuperación y la sanación.
El ambiente quirúrgico también importa: respeto, cuidado y consideración hacia la persona que en ese momento se encuentra vulnerable. El paciente no debería ser excluido de su propio proceso, sino participar activamente con información y presencia.
Cuando eso sucede, el cuerpo recibe la cirugía como parte de su camino y no como un trauma que después se traduce en desequilibrios físicos y emocionales, o en una reparación más lenta de los tejidos.
Sea una verruga vulvar, una cesárea o una cirugía por cáncer de mama, el principio es exactamente el mismo: el cuerpo merece respeto, confianza y presencia.