No se trata de controlar; creer que tenemos el control es del ego. No somos nada y somos todo. Somos el universo, universos experimentándose a sí mismos.
¿Cómo podemos tener el control si nada depende de nosotros? Todo es a través de nosotros. Nada nos pertenece.
Lo que sí tenemos es libre albedrío: esta experiencia vino con libertad, somos libres de decidir cómo y para qué usar esa fuerza, esa energía poderosa de la que estamos hechos.
El plexo solar se regula cuando podemos elegir sin resistirnos a lo que somos, conectando con el corazón, que es el que marca el ritmo. El plexo solar es nuestra fuente de poder, el poder personal. Cuando hay exceso de control puede sentirse: está en hiperactividad, las suprarrenales —las glándulas encargadas de producir el cortisol, la adrenalina, la noradrenalina, las hormonas del estrés— están hiperactivas, generando ansiedad, hiperinsulinemia, inflamación crónica. Eso genera una pausa a nivel celular, interfiriendo en el normal funcionamiento de la mitocondria, que es la máquina generadora de energía.
Se detiene la regeneración natural, la muerte celular programada (apoptosis), necesaria para la autorreparación. Esto produce envejecimiento prematuro de todo nuestro sistema.